Aceptación

Realidad

No hay sentido en seguirlo negando. Sólo engañarme a mí misma. No quería que pasara. YO NO QUERÍA QUE PASARA. Pero… pasó.

¿Qué pasó?

Él pasó.

Lovefool

Lovefool- The Cardigans

Dear, I fear we’re facing a problem
you love me no longer, I know
and maybe there is nothing
that I can do to make you do
Mama tells me I shouldn’t bother
that I ought just stick to another man
a man that surely deserves me
but I think you do!

So I cry, and I pray and I beg

Love me love me
say that you love me
fool me fool me
go on and fool me
love me love me
pretend that you love me
lead me lead me
just say that you need me

So I cried, and I begged for you to
Love me love me
say that you love me
lead me lead me
just say that you need me
I can’t care about anything but you

Lately I have desperately pondered,
spent my nights awake and I wonder
what I could have done in another way
to make you stay
Reason will not reach a solution
I will end up lost in confusion
I don’t care if you really care
as long as you don’t go

So I cry, I pray and I beg

Love me love me
say that you love me
fool me fool me
go on and fool me
love me love me
pretend that you love me
lead me lead me
just say that you need me

So I cried, and I begged for you to
Love me love me
say that you love me
lead me lead me
just say that you need me
I can’t care about anything but you

(anything but you)

Love me love me
say that you love me
fool me fool me
go on and fool me
Love me love me
I know that you need me
I can’t care about anything but you

Cita para el 14 de febrero de 2012

“La diferencia entre un gran amor y una obsesión es que la obsesión dura un poco más”, escribió Oscar Wilde, y cualquiera con sentido común entiende que no estaba hablando del gran amor de una tía solterona por sus sobrinos, sino del enamoramiento. Porque amor y enamoramiento no son lo mismo, aunque uno tarde unos cuarenta años en darse cuenta. Hay quien asegura a sangre fría que el amor y el enamoramiento incluso se riñen, que solo cuando se pasa el período de enamoramiento puede uno saber si ama o no a alguien.

Cuando la gente se pregunta ¿qué es el amor? o ¿esto que siento es amor?, no está preguntando por el amor fraternal o el amor al prójimo o al perro. No se engañen, ese amor no le preocupa a nadie, ese no es el amor que nos quita el sueño y que nos deja cavilando todo el día. El motivo de nuestra dulce zozobra es el enamoramiento, del cual hay en el mundo tantas definiciones como corazones rotos.

Enamoramiento: estado transitorio de imbecilidad, dijo el filósofo Ortega y Gasset, con más modestia que prepotencia, creo yo. Enamoramiento: subida (también transitoria) de la dopamina y otras sustancias químicas en nuestro cuerpo que nos hacen sentir inmortales, omnipotentes, inagotables. Enamoramiento: forma más o menos sana y barata de estar todo el día en las nubes, sin drogas.

Síntomas del enamoramiento: anda uno todo reconciliado con la vida, nada le molesta, da igual si llueve o hace sol, si no pasa el bus, si le cortaron el agua y la luz; tiene uno unas fuerzas inconmensurables, puede subir al Chirripó silbando y lo mejor de todo: se adelgaza. Enamoramiento: única forma de adelgazar sin pasar hambre, sin ejercicios, sin pastillas, sin síndrome de abstinencia y sin que la cara se le quede colgando como un trapo de cocina.

Pero siempre hay un pero. Todo lo que sube baja y no quieran saber lo que es bajar del Chirripó con hambre, dolor de rodillas y llorando. Cuando se acaba el enamoramiento, ya sea porque usted se desenamora o porque el otro lo deja, se queda uno peor que como estaba. Lo malo no es “perder la cabeza” por amor, ¡eso es lo rico! Lo malo es recuperarla.

Se acaba el amor o “muere la flor”, como dicen, y pasa uno por varias y archiconocidas etapas: desconcierto, incredulidad, angustia, llanto y enojo. Algunos, en lugar de enojarse y dedicarse a odiar a quien hace unas semanas “amaban”, se enferman. Hay registros de “muertos de amor”, no les exagero. Sobre todo en Cartago (no se sabe aún por qué) hay gente que se muere literalmente de amor, o de desamor, para ser exactos. En cambio otros, muy vivos, ni se enferman ni se enojan. Justo cuando uno esperaba encontrárselos con cara de mártires en un retiro espiritual, se los topa bronceados y muertos de risa de la mano de un nuevo amor que, obviamente, supera con creces al alfeñique anterior.

Según estudios científicos, ese sentimiento trepidante que lo pone a uno en la cresta de la ola dura si acaso nueve meses. Así que el tiempo terminará respondiendo de cuajo las preguntas de si es amor esto que siento, o lo será o lo habrá sido o qué diantres es esto. Hay una prueba que no falla: este 14 de febrero apunte discretamente en una libretita las frases y las promesas de amor eterno que le haga su enamorado. El Día de San Valentín del año 2012 chequee la lista y me cuenta. Si para entonces su actual enamorado le dice: “Fui un imbécil cuando me enamoré de vos”, no se enoje. Entienda que es la primera cosa que le dice en pleno uso de sus facultades mentales. Es cierto, él se enamoró porque estaba en un estado de estupidez transitoria. Y usted no se dio cuenta por lo mismo. Hablemos dentro de un año.

Por Catalina Murillo

Ud hace falta

Sí, ud hace falta. El aire se respira denso con el saludo frío que nos dirigimos…

Me faltabas tú

Me faltabas tú- Cultura Profética

Me faltaba amor, me faltaba paz, me faltabas tú.
Como iba a pensar que hoy pudiera amar más hondo que ayer.

Llegaste a mi vida a borrar las noches de amargos desvelos.
A darme la luz, tú que eres mi sol, que eres mi consuelo.

Hoy que siento así, en el corazón, estar junto a ti,
Se enluto el dolor, y la confusión ya, ya no existe aquí.

Ahora soy feliz, porque la razón la ha encontrado al fin.
Me faltaba amor, me faltaba paz, me faltabas tú.

Ahora soy feliz, porque la razón la ha encontrado al fin.
Me faltaba amor, me faltaba paz, me faltabas tú.
Me faltaba amor, me faltaba paz, me faltabas tú.

Amor en los tiempos del cólera

¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo? -Le preguntó.
Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches.
-Toda la vida -dijo.
Gabriel García Márquez. El amor en los tiempos del cólera.

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